FELIZ DÍA DE LA CRUZ, MAMÁS
Día de la Cruz 2016 (Churriana de la Vega)
Este año coinciden en la misma jornada
dos festividades especiales para los granaínos. La primera, por ser universal y
porque sin ellas no habría ser humano sobre la Tierra: el día de la Madre. La
segunda, el día de la Cruz, otra fecha más que añadimos a nuestro diario
coronavirus y que confinados, disfrutamos sin dejar la imaginación y la alegría.
No en vano, muchísimos vecinos de distintas localidades, por iniciativa propia
o respondiendo a la llamada de ayuntamientos y asociaciones, han salido una vez
más a sus balcones para adornar las calles y de paso, también los rostros de
los que pasean con una amplia sonrisa. Sonrisa como la que ayer se dibujaba en
mis labios deambulando por la vega, contagiada de esperanza por la gente encaramada
a las verjas de sus casas, por el aire de fiesta a pesar de los pesares, el sol,
el olor a primavera, las amapolas y margaritas que libres bailaban al son de la
brisa del atardecer y de la música de fondo que salía de las ventanas.
Madres y cruces. Cruces y madres.
Indivisible es el vínculo existente entre ambas realidades. Madre es aquella
que engendra y pare a un hijo; también la que ejerce como tal por decisión, acogiéndolo
en su vida y corazón a pesar de no haberlo llevado dentro. No importa la forma
en que llegaron a serlo sino el amor que sienten hacia ellos y el sacrificio
que se muestran dispuestas a hacer anteponiendo sus necesidades y felicidad a
la de ellas mismas. Permitidme que lo exprese como una maravillosa cruz que ya
siempre llevas a cuestas, haciendo alusión a la simbología religiosa. Porque ser
madre es difícil, una aventura con su cara y con su cruz.
Esa fue mi primera sensación al
coger a mi hija en brazos. Tras la felicidad de ver su pequeña carita por
primera vez y comprobar que estaba sana, un sentimiento indescriptible de
responsabilidad cayó sobre mis hombros mientras digería que sería así hasta el
final de mis días. Una carga que poco a poco se ha ido relajando a pesar de no
perder de vista que de ti dependerá en gran parte su futuro y dicha.
Vislumbras además, con cada
experiencia que vives en la maternidad, el papel que tu propia madre desempeña
en tu vida y las decisiones o palabras que tomó o dijo en su momento. El vínculo
se hace más fuerte con los años disfrutando muchísimo más de ella en la edad
adulta. Conversar como iguales, escuchar sus historias, aprender sus recetas, hacerle
una tarta en su cumpleaños, comprar juntas ropa, preparar la llegada de un bebé
y después volver a empezar viéndola con sus nietos y nietas… Siempre me han conmovido
especialmente aquellas personas que desgraciadamente perdieron a alguno de sus
progenitores y no tuvieron la oportunidad de vivir todas estas minucias que, al
final, son tan grandes. Porque no hay otro modo de conocer realmente a los padres que el crecer y hacerse mayor junto a ell@s. Del mismo modo, uno de mis mayores miedos es que la
vida no me permita acompañar a mis retoños ese tiempo tan valioso, que me necesiten y no
esté. También me preocupa a menudo ser la mejor versión de mí misma, dar
ejemplo, para que el día de mañana puedan sentirse orgullosas de mí como yo lo
estoy de la mía.
No quisiera terminar sin recordar
la letra de una canción que en mi más tierna infancia me enseñó la seño más
loca que nunca he tenido, mi seño de música: Pepa. Bendita locura la que llevaba con su guitarra y su voz fatigada por el tabaco y la docencia. Con ella quiero felicitar a todas
las madres del mundo, especialmente a la mía, Mari Carmen. También desearos a
vosotr@s, lectores, amigos y familia, que este día de la Cruz os traiga
recuerdos bonitos y anécdotas que contar en unos años. Yo solo espero que las bellas
imágenes que me llegan a través de las redes sociales, de mi pueblo, Montefrío,
se hagan realidad presencial el próximo mayo.
Fotografía de la página "Patrimonio de Montefrío"
Hay madres
que son dulces
y la mía
lo es más.
es que en vez de azúcar…tomaron sal.
Si
algunas están serias
es que en
vez de azúcar…tomaron sal.
Mamá,
mamá…
Hay nubes
en el cielo
pero de
azul
las dos
las pintaremos.
Verde,
marrón
y un
poquito de blanco.
Y al
terminar, con ilusión,
tú lavarás
mis manos.
Y al
terminar, con ilusión,
tú lavarás
mis manos.



Qué bonita reflexión!!!
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