Nuestro segundo día en Lisboa nos levantamos con mucha ilusión. No esperábamos una ciudad de esa monumentalidad, tan pintoresca, llena de rincones y detalles donde mirar, detenerte... Estábamos seguros que cada día iba a haber sorpresas muy agradables y teníamos las pilas cargadas.
Después de desayunar nos dirigimos directos a la Plaza Martim Moniz dispuestos a coger el
tranvía número 28. Esta ruta es la típica que recorre todos los lugares importantes de la ciudad y cualquier turista que se precie debe hacerla, no solo porque te puedes subir y bajar en 24 horas las veces que quieras, sino por el simple placer de ir sentado en ese peculiar medio de transporte observando la ciudad desde otra perspectiva.
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| Plaza Martim Moniz desde donde se coge la ruta 28 |
Nuestra planificación era aprovechar las primeras horas de la mañana de menos calor para bajarnos en el barrio
Alfama y patear sus calles. Este barrio es el más pintoresco de Lisboa y también el más antiguo. En él convivieron durante la Edad Media musulmanes, cristianos y judíos. Sus laberínticas calles empinadas no dejan de ofrecerte rincones singulares en los que no faltan las flores, las fachadas de azulejos, los restaurantes y ventanas en forma de miradores desde donde puedes ver el río Tajo. Cuando te adentras en él parece que estuvieras en otra ciudad.
Nuestro gran grave error fue querer encapricharnos en subir al barrio en tranvía. Segunda cola del infierno para poder coger uno de ellos. Perdimos cosa de dos horas en la plaza pudiendo haber llegado andando en media. Pero no me gana nadie a cabezonería, para pesar de mi familia, así que al final llegó nuestro turno y logramos hacer montados la primera parte de nuestra ruta hasta la colina donde visitamos el
Castillo de San Jorge. Punto emblemático de la ciudad, construido por visigodos y habitado por árabes y finalmente, por los reyes de Portugal hasta el s. XVI. Desde los jardines de su muralla podéis contemplar la ciudad
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| Barrio de Alfama y Castillo de San Jorge |
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| Arco de San Jorge |
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| Castillo de San Jorge |
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| Murallas del catillo |
Al terminar la visita era casi mediodía. En las callecitas de alrededor había un montón de barecitos y tiendas donde venden los conocidos buñuelos de bacalao para llevar. Así que tomamos un tentempié y seguimos por la ruta de Alfama en busca de sus dos miradores, a cual más bello: Mirador Portas do Sol y Mirador de Santa Lucía. Y no, no soy la tonta de los miradores, pero es que esta ciudad está plagada.
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| Mirador Porta do Sol |
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| Mirador Santa Lucía |
Tras una parada para almorzar continuamos incansables a las peores horas del día (somos así de listos) para no dejar otros lugares importantes del barrio sin ver: la Catedral de la Sé y el Panteón Nacional.
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| Panteón Nacional |
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| Catedral de la Sé |
Soy de las que piensa que las cosas hay que hacerlas en el momento en el que se presentan porque después no sabes si podrás. ¿Y si no vuelvo nunca más a Lisboa? Así que, a pesar de que íbamos para echarnos en lejía y cansadísimos, volvimos a subir al tranvía y hacer la ruta completa por la ciudad. ¡Para algo habíamos sacado el ticket 24 horas! Eso sí, Retoño se quedó frita con el sonido de los raíles y el traqueteo, jeje.
Si me había encantado la jornada de mañana, lo que me esperaba al atardecer fue sin lugar a dudas lo que resumo como mi lugar favorito de la ciudad: la Rúa Augusta y la
Plaza del Comercio.
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| Rúa Augusta |
No he visto cosa igual, me impactó muchísimo. Situada en pleno barrio de Chiado y totalmente abierta al Tajo a través de una escalinata (tanto que entra el agua y puedes mojarte los pies o bañarte), esta plaza albergó el Palacio Real antes del terremoto y después fue reconstruida por el Marqués de Pombal. Es majestuosa y en ella el tiempo se detiene.
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| Plaza del Comercio |
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| Entrada del río Tajo para los barcos en la Plaza del Comercio |
Creo que la hora en la que la visitamos y la brisa que corría ayudó a crear ese clima cuasi romántico que me dejó totalmente enamorada del lugar. Seguimos caminando a lo largo de toda la ribera del río, conocida como Ribeira das Naus disfrutando de la puesta de sol y a la vuelta, cenamos en la Rúa Augusta, llena hasta los topes de restaurantes con terrazas donde se come de escándalo.
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| Ribeira das Naus |
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